Porque la vida se levanta cada mañana...

"Esto es algo muy antiguo. Cuando uno no encuentra un nombre exacto para definir las cosas utiliza historias. Así es como funciona. Desde hace siglos. Y todas las historias tienen una música propia"



19/8/08

When I tell you that I love you

Apareciste ante mí como una sombra: sabía que existías, pero tu cara no inundaba mi memoria, apenas era una imagen borrosa en el fondo de mi cabeza.

Sin embargo, sólo hicieron falta unos días para que esa imagen tomara forma y se convirtiera en un recuerdo latente en mi día a día.

Quizá nuestros caminos se unieron por simple casualidad, o quizá sin quererlo fuimos nosotros los que los entrelazamos. De una manera o de otra, el resultado fue evidente. Tu forma de ser empezó a formar parte de mi vida con tanta fuerza que sólo deseaba que llegara el momento de encontrarnos de nuevo y así saber que estabas ahí.

No me importaba que nuestros momentos fueran compartidos por aquellas personas que forman parte de nuestra historia tanto como tú o como yo.

Para mí lo importante era saber que estabas ahí, que existías, que tus ojos y tu sonrisa no eran ilusiones creadas por mi cerebro, sino que eran tangibles.

Fuiste por ello lo mejor de mí. Conocerte inundó mi vida de una sustancia olvidada en ese cajón con llave que normalmente sólo abrimos para guardar aquello que preferimos olvidar.

Contigo sentí lo necesario que era una palabra a tiempo y recordé lo más importante, el significado de una palabra a destiempo.

Aprendí el valor que tiene una mirada y como los ojos se endulzan cuando miras con el alma.

Recibir el calor que se desprende en esos momentos es una sensación sólo comparable con ciertos instantes de la vida.

Notar como alguien te da casi tanto como te quita me hizo darme cuenta de que también fuiste lo peor de mí. Mi obsesión.

Descubrir el sabor amargo de las lágrimas después de tanto tiempo, es como soñar que lo tienes todo a la vuelta de la esquina y tener que aceptar que la puerta está cerrada y que no vas a poder salir.

Tus desplantes, aunque quiero pensar que involuntarios, abrían heridas nuevas en mi piel en las cuales mil agujas me atormentaban hundiéndose hasta el fondo, para que el dolor no sólo fuera intenso, sino amargo y profundo.

Acabe dividiendo mi persona entre lo racional y lo irracional e inicie una batalla que estaba perdida fuera cual fuera el resultado final.

Anteponía constantemente mis sentimientos a mis pensamientos y viceversa y así la balanza se inclinaba a uno y otro lado según soplaba el viento en un constante caos.

Tanto fue así, que la balanza acabó cayendo y con ella se marcharon todos los implicados de una guerra sin sentido, la cual había durado mucho y que por suerte o por desgracia seguiría sin final…

Sucumbí al destino y deje de creer en él. Decidí rendirme porque acabé aceptando que cada día que no me rendía, era un día en el que perdía un trozo de mí. Y ciertamente ya había entregado demasiado al aire.

Así fue, como una mañana me levanté y convertí todo aquello que me había curtido en lo mejor y en lo peor, en meras cenizas guardadas en ese cajón con llave donde tiramos todo aquello que nos hace daño.

Arranque tu imagen de mi mente y me tatué de nuevo aquella sombra.

Era el momento de volver a empezar…

¡Más que ingenuidad la mía! Si pensaba que sólo con querer era suficiente... el verte a diario hacía emanar en mí todo aquello que yo me empeñaba en guardar.

Me había equivocado (una vez más…). Había cometido un error, me había fusionado contigo sin saber tan siquiera que quien era yo para ti… Ya era demasiado tarde.

Tras aceptar que me había perdido en mi camino, el cual se convertía por momento en un sendero escabroso, lleno de piedras y cuyo final incierto desconocía, acepté mi posición de NO ganador y decidí inventar palabras vacías, tan llenas de significado que conseguían emular justo el comportamiento inverso.

“Luchar por una causa perdida era un suicido, pero era lo único que podía hacer.

Me convertí en valiente, resurgí de mi derrota y desde la grada observe como todo se marchaba... Cómo todo me abandonaba, incluido mi propio yo”.

Pero incluso en el momento de mayor miseria, dicen que el sol aparece. Y con él, llegaron las miradas, las sonrisas, las palabras…

Fue la victoria más derrotista de la historia, es cierto, pero también fui la perdedora más feliz que jamás nunca se conozca.

Sabía que era el final, que en esos mismos momentos comenzaba una nueva historia que acababa a penas al terminar de ponerse el sol, pero no importaba, porque yo volvía a ser mi mejor y mi peor yo, y tú, tú eras mi yo, mi sonrisa, mis miradas, mis caricias, mis palabras…

Dicen que nunca termina algo que no puede empezar, al igual que las palabras vacías nunca pueden estar llenas, pero son mis recuerdos y esos, esos sí que existen... Y sí que son míos…

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